¿Cuáles son los 4 tipos de lesiones? Guía completa para entender tu dolor

4 tipos de lesiones

Si alguna vez has sentido ese pinchazo repentino en mitad de una carrera, o ese dolor sordo que no desaparece tras días de descanso, sabes lo frustrante que puede ser no entender qué le pasa a tu cuerpo. En el mundo de la salud y el deporte, la información es la primera herramienta para la curación. A menudo, llegan a consulta personas asustadas porque no saben si ese dolor en la rodilla es algo pasajero o una señal de alarma real.

Para abordar esto con propiedad, es fundamental entender la clasificación base. ¿Qué tipos de lesiones existen? Aunque la medicina deportiva es compleja, podemos categorizar la inmensa mayoría de los problemas físicos en cuatro grandes grupos basados en el tejido afectado. Esta distinción no es solo teórica; es vital para determinar el tratamiento adecuado y los tiempos de recuperación.

Los cuatro tipos principales de lesiones son las lesiones musculares (el motor), las lesiones de tendones y ligamentos (los conectores), las lesiones óseas (la estructura) y las lesiones articulares (las bisagras). A continuación, vamos a desgranar cada una de ellas con la profundidad que mereces, para que sepas identificar qué te puede estar ocurriendo.

1. Lesiones Musculares: Cuando el motor falla

 

El tejido muscular es fascinante por su capacidad de contracción y estiramiento, pero también es el que más sufre las consecuencias de la sobrecarga o los gestos explosivos. De hecho, ¿cuál es el tipo de lesión más común? Sin duda, las afecciones musculares se llevan el primer puesto en la mayoría de deportes y actividades cotidianas.

Dentro de este grupo, la gravedad es muy variable. No es lo mismo un aviso que una rotura. Aquí te explico las diferencias:

 

Contusiones y Calambres

 

Son el escalón más bajo en cuanto a gravedad, pero pueden ser muy dolorosos.

  • Contusiones: Se producen por un impacto directo (el clásico «bocadillo» en el muslo). El tejido se comprime contra el hueso, rompiendo vasos sanguíneos y generando hematoma e inflamación local.

  • Calambres: Son contracciones musculares súbitas, intensas e involuntarias. Aunque el dolor es agudo, suele ser temporal y remite con estiramiento y rehidratación.

 

Contracturas: El aviso del cuerpo

 

Una contractura es, básicamente, un músculo que se ha olvidado de cómo relajarse. Se produce una contracción continuada e involuntaria que mantiene el músculo rígido. Esto suele ocurrir por fatiga acumulada o por una mala postura sostenida. El dolor es constante y limita el movimiento, pero no hay rotura de tejido. Es la señal de «stop» que te envía tu organismo antes de que ocurra algo peor.

 

Distensiones y Desgarros: La verdadera rotura

 

Aquí entramos en terreno más delicado. Cuando sometemos al músculo a un estiramiento que supera su límite elástico, las fibras sufren.

  • Distensión (Grado 1): Es un estiramiento excesivo donde se rompen muy pocas fibras (micro-roturas). Duele, pero permite cierto movimiento.

  • Desgarro o Rotura fibrilar (Grado 2 y 3): Aquí hay una rotura macroscópica. Se siente como una pedrada o un latigazo. En nuestra clínica de fisioterapia en las rozas vemos esto frecuentemente en corredores o jugadores de pádel que intentan un sprint sin calentar adecuadamente. La recuperación aquí requiere respetar los tiempos biológicos de cicatrización del tejido.

Recupera tu bienestar
✅Valoración inicial completa

✅ Tratamientos personalizados

✅ Acompañamiento continuo

2. Lesiones de Tendones y Ligamentos: Los conectores del movimiento

 

A menudo la gente confunde tendones con ligamentos, pero sus funciones (y sus lesiones) son distintas. Los tendones conectan el músculo al hueso (transfieren fuerza), mientras que los ligamentos conectan hueso con hueso (dan estabilidad).

 

Esguinces: La pérdida de estabilidad

 

El esguince es la lesión reina de los ligamentos. Ocurre cuando una articulación se fuerza más allá de su rango normal de movimiento, estirando o desgarrando los ligamentos que la sujetan. Los tobillos, rodillas y muñecas son las víctimas habituales.

  • Un esguince leve es solo un estiramiento.

  • Un esguince grave implica una rotura completa del ligamento, lo que deja la articulación inestable y, a menudo, requiere cirugía o una inmovilización prolongada.

 

Tendinitis y Tendinosis

 

Aquí hablamos de los tendones. La terminología ha evolucionado, pero comúnmente usamos «tendinitis» para referirnos a la inflamación aguda del tendón. Sin embargo, lo que vemos mucho en consulta son las tendinosis, que son procesos degenerativos crónicos donde el colágeno del tendón se ha degradado por un mal uso continuado sin el descanso adecuado.

Nota de experto: El tendón es un tejido «vago» metabólicamente; le llega poca sangre, por lo que tarda más en curarse que un músculo. La paciencia y la carga progresiva son claves aquí.

3. Lesiones Óseas: Fallo en la estructura

Cuando pensamos en huesos, imaginamos algo duro e irrompible, pero tienen un punto de quiebre. Las lesiones óseas pueden ser traumáticas o por estrés.

Fracturas y Fisuras

  • Fracturas: Es la pérdida de continuidad del hueso. Puede ser una fractura limpia, conminuta (en varios trozos) o abierta. Requieren atención médica inmediata para alinear y fijar la estructura.

  • Fisuras y Fracturas por estrés: Estas son «traicioneras». No ocurren por un golpe, sino por la repetición de micro-traumatismos. Si sales a correr todos los días sin técnica ni descanso, el hueso no tiene tiempo de remodelarse y se agrieta. Son las típicas lesiones que son graves no por el dolor inicial, sino porque si no se detectan, pueden terminar en una fractura completa.

4. Lesiones Articulares: Cuando la bisagra se atasca

Las articulaciones son estructuras complejas donde convergen huesos, ligamentos, tendones, cartílago y cápsulas.

Luxaciones y Subluxaciones

Hablamos de una luxación o dislocación cuando los huesos que forman la articulación pierden totalmente el contacto entre sí. Es una urgencia médica. El hombro es el candidato número uno para esto. Una subluxación es cuando sale y vuelve a entrar, pero deja daños en las estructuras de contención.

Bursitis

Nuestras articulaciones tienen pequeñas bolsas de líquido (bursas) que actúan como almohadillas para evitar el roce. Cuando se inflaman por repetición o impacto, producen un dolor muy agudo y limitante, conocido como bursitis.

Clasificación por gravedad y temporalidad

Entender el «qué» es importante, pero entender el «cuándo» y el «cuánto» es vital para tu tranquilidad. Muchas personas nos preguntan: ¿Qué grados de lesiones hay? y ¿cuándo se consideran lesiones graves y lesiones leves?

Agudas vs. Crónicas

Esta distinción es temporal.

  • Lesión Aguda: Ocurre de repente. Un chasquido, un golpe, una caída. El dolor es instantáneo y suele haber inflamación rápida.

  • Lesión Crónica: Se desarrolla con el tiempo. Es ese dolor que empieza siendo una molestia ligera al entrenar y acaba impidiéndote caminar. A menudo, las lesiones crónicas son agudas mal curadas o fruto de una mala técnica mantenida en el tiempo. Aquí es donde contar con un buen plan de entrenamiento personal marca la diferencia, ya que corregir el gesto técnico es la única forma de detener el ciclo de dolor crónico.

Grados de gravedad

Generalmente, en el ámbito clínico clasificamos la gravedad en tres estadios:

  1. Leve (Grado 1): Daño microscópico, dolor leve, mínima pérdida de función. Tiempo de recuperación: días a pocas semanas.

  2. Moderada (Grado 2): Rotura parcial de tejido, dolor significativo, inflamación, pérdida de función notable. Tiempo de recuperación: semanas a meses.

  3. Grave (Grado 3): Rotura completa o fractura. Pérdida total de función de esa estructura. A menudo requiere cirugía. ¿Qué se considera una lesión muy grave? Aquellas que comprometen la estabilidad futura de la articulación, afectan a nervios o vasos sanguíneos importantes, o fracturas complejas que requieren reconstrucción.

¿Qué tipos de lesiones son graves? Más allá del daño tisular, consideramos grave cualquier lesión que, sin el tratamiento adecuado, pueda dejar secuelas permanentes o dolor crónico invalidante, como una rotura de ligamento cruzado o una hernias discal severa.

Prevención y Readaptación: La clave del éxito

Saber curar una lesión es trabajo de los profesionales sanitarios, pero evitar que vuelva a ocurrir es un trabajo de equipo entre el paciente y el profesional. La mayoría de lesiones que no son traumáticas (golpes) provienen de desequilibrios musculares o falta de movilidad.

Una vez que el tejido ha cicatrizado, no estás listo para volver a jugar o a correr al 100%. El tejido nuevo es desorganizado y débil. Es necesario un proceso de readaptación. Saltar de la camilla al campo de juego es la receta perfecta para la recaída.

Nosotros recomendamos siempre una fase intermedia. Un entorno controlado, como el entrenamiento en grupos reducidos, permite al profesional supervisar cómo te mueves, corregir compensaciones que hayas adquirido por el dolor y asegurar que tu vuelta a la actividad sea segura y definitiva.

Conclusión

El cuerpo humano es resistente, pero tiene límites. Identificar si tu dolor proviene de un músculo, un tendón, un hueso o una articulación es el primer paso para tomar el control de tu salud. Recuerda que el dolor no es algo que debas «aguantar»; es información que tu cuerpo te está dando.

Si tienes dudas sobre alguna molestia o has sufrido alguno de estos percances, no esperes a que se cronifique. Lo ideal es evaluar la situación lo antes posible para aplicar el tratamiento correcto desde el día uno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *